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miércoles, mayo 20, 2009

Sombra del remate de una escala

El tiempo no espera
tampoco lo hace el cielo
tierra firme es lo que anhelo
el vacío me supera

Por verde que se encuentre
ese fruto de la vida
hoy mantiene dividida
la existencia del presente

Una sombra que acecha
del remate de una escala
es la arena que resbala
por el vidrio que se estrecha

Miro cómo allá en lo hondo
en mis ojos el reflejo
culpo al viento, el azulejo
en mi rostro, toco fondo.

martes, enero 20, 2009

CAPÍTULO 6TO: “colores”

La sangre que va al corazón

Es témpera roja que endurece el tiempo.

Manuel García

Luego de esa noche, quedó claro que algo sucedía, y ella no podía dejar de sentir culpa.

¿De qué?, creo que ni ella lo sabía bien, pero se suponía que ella haría de compañía, de buena compañía, y lo último que supo es que fue ella, y no otra cosa, lo que motivó el ataque de aquella noche.

“No puede ser, no puede ser, digo, qué voy a hacer, él no puede, no debería, si se ena…, no puedo ni decirlo, si se enamora de mi, que hago, no puedo correr, no quiero correr, es ridículo, venir hasta aquí para que ocurra esto, no tiene sentido. Nunca tuvo sentido, desde el inicio, pero algo me impulsó a hacerlo, y no puedo echar pie atrás.” “I’ll be there for you”,

-sonaba el inicio de F.R.I.E.N.D.S. por la TV-“ Es lo que trato de hacer, estar ahí, sólo estar.”

 

Para ninguno de los dos era un buen día, no podía serlo después de lo ocurrido, no obstante supieron ceñirse al protocolo y mintieron al saludar, “Buenos días”. Se encontraban en la cocina, como todas las mañanas, recién despiertos pero habiendo tenido un rato de intimidad  cada uno en su cuarto. No tenían horas fijas para la rutina diaria, y se esperaban siempre para tomar juntos el desayuno. Era entonces, en la cocina, que comenzaba la vida compartida.

-Sobre lo de anoche… – comenzó Valentina.

-Despreocupa, no es nada. – respondió Él.

-Ya veo…

-No es que no sea nada, no te mentiré, estuviste ahí.

-Aha, por eso preguntaba, fue…preocupante, por decir lo menos.

-Lo recuerdo Vale, lo recuerdo perfectamente.-dijo Mauro y bebió un sorbo del café que ya había servido a ambos.- El tono en su voz perecía distante.

-Sabes…-Ella habló sincerándose- anoche me dormí pensando en eso. – Al mencionar eso, Valentina pudo sentir cómo se transportaba horas atrás, lo vio tan claro, y desde esa perspectiva resultaba evidente, la misma atmósfera lo delataba, era una noche roja.

-Sí, yo también, estoy acostumbrado a que mi cuerpo me pase la cuenta de vez en cuando, pero nunca con tanta fuerza como ésta vez.

-Es duro, pero tengo que preguntar. Fue por mi. – no era una pregunta, su voz era de convencimiento y culpa-.

-Sí, pero no quiero que le des más vueltas, no tienes que culparte, ni preocuparte. – bebió otro sorbo. La taza de ella seguía intacta.

-No puedo, no puedo no sentirme culpable. Si estás pensando lo mismo que yo, entonces si tengo culpa.

-No digas tonterías, yo te invité, te pedí acompañarme, y es lo que haz hecho, so far.

-Si se, yo también creo haber cumplido con mi parte, pero te he herido de todos modos.

-Lo que pase conmigo es responsabilidad mía y punto. Además, es inevitable.

-Si soy yo la causa, si es evitable.

-Ni lo menciones, si para aliviar el dolor tengo que dejarte partir, prefiero sufrir un poquito más. – tras decir eso sonrió-.

-No seas idiota – respondió ella con otra sonrisa-.

-Bueno, suficiente por hoy, ahora tómate el café que se te va a enfriar.

-Ya estás vestido ¿Sales de nuevo? –preguntó Valentina, aún en ropa de dormir, bebiendo rápido el café ya tibio.

-Sí, voy de compras.

-De compras, ¿Tú? – dijo Valentina, incrédula-

-Sí, yo. No te pediré que te quedes, lo que sí, no puedo dejar que me acompañes.

-Está bien, de todos modos, creo que me quedaré, si no aquí, muy cerca.

-Perfecto, ¿Hasta la tarde?.

-Hasta la tarde.-despidió ella a su acompañante, le besó en la mejilla y se dirigió, algo menos inquieta, hacia el baño. Mauro esperó a que sonara el ruido del agua cayendo en la ducha para levantarse de la mesa y dejar el departamento.

 

Siempre supo cómo relajarse con el agua. Era como si el líquido que recorría su cuerpo se llevase consigo todas sus preocupaciones, no las olvidaba, por el contrario, para que el agua las llevara había de recordarlas, así, en un momento de reflexión y calma, lograba liberarse de toda tensión. Y tuvo que, pese a las indicaciones de Mauro, darle un par de vueltas más a lo sucedido, para así despedirse de ese momento tan extraño como inquietante. Sin necesidad de un baño de espuma, Valentina se relajaba de tal forma que podía decir que no, no había mentido al saludar, iba a ser un buen día.

 

Llegué – saludó el joven al entrar- Nunca me había percatado  lo silencioso que es este lugar. Mi lugar.- Y si, si había algo que lo reconfortaba en todo este asunto del viaje, era que por fin vivía en su departamento, disponía de él para hacer y deshacer a su antojo, era su hogar.- Así pues, al regresar y luego de advertir el silencio, entró junto a una enorme pizarra transparente y un lote de plumones de pizarra, todos de colores fluorescentes. Colocó la pizarra a un costado del sofá y luego se tendió en el. Sintió pasos en el pasillo que llevaba a las habitaciones y preguntó al sentirlos cada vez más cerca: ¿Vale? ¿eres tu?. Si, ¿Quién más podría ser?. No, yo solo preguntaba, no sabía si estabas aquí, estaba todo tan silencioso. Ah, si, lo que pasa es que me di un baño, y bueno…me quedé dormida. Desperté con ese ruido, ¿Qué era? – Preguntó Valentina, pero se respondió sola al mirar a su compañero en el sofá, y junto a el, la enorme pizarra.- Una pizarra…¿Cuál es la idea?, cuando dijiste compras, no creí que fueras a comprar, mucho menos una pizarra. Bueno, al desayuno me dijiste que habías estado pensando la noche anterior…yo por mi parte también lo hice, no con mejores resultados que tu. Compré esta pizarra para que liberemos esos pensamientos que nos molestan, o que nos quedan dando vuelta quizás más de la cuenta. Pero que también, al hacer el ejercicio, estemos compartiendo el uno con el otro, así será más fácil saber que cosas nos afectan y poder ayudarnos. Si, buena idea, hará de esto un poco más simple. Pero antes de que podamos escribir, necesitamos plumones, así que que te parece si tu elijes uno para mi, y yo elegiré el color que crea que va más contigo. Ok, no te ofendas si, creo que tengo mi elección. Ah, yo también, y te pido lo mismo, puede que lo encuentres aburrido o no se, simplemente, neutro, como sea, Vale, creo que tu color será el blanco. Pero el blanco no es… Si se que el blanco no es color, whatevs, es el plumón que va contigo, a mi parecer. Bueno, tengo que decir que no me desagrada – sonrió- y, para ti, tengo un plumón…FUCSIA.

Fu…¿fucsia?.Si fucsia, no te lo tomes a mal, no tiene mayor simbolismo, simplemente es un color agradable, y ciertamente hace juego con el blanco. Bueno, si, tienes razón, de estilos y colores, mejor no opino, me gustó tu elección. Me alegro. Bueno, creo que eso es… if you’re in the mood for some writting then go ahead. Gracias-dijo vale por ultima vez en el día, y antes de instalarse a ver las series del prime time, se acercó a la pizarra y escribió en blanco: “No quiero partir, no me dejes partir”.

 

FIN DEL CAPÍTULO SEXTO

lunes, octubre 20, 2008

Desangra el Firmamento

El cielo se tiñe de rojo, no, no es el sol que atardece. La masa inconsciente celebra exaltada en las avenidas. Luego vendrá la sospecha, el miedo, y al fin, el pánico. La masa celebra en las calles, pero la alegría no les durará. Más temprano que tarde se darán cuenta, que lo que han hecho, no es más que un atentado universal. La tierra no está preparada, y sobre sus hombros, la culpa. Será una catástrofe, y sin ser guerra mundial, tendremos masacre, bajas sin igual. La tierra no está preparada, pero lo hecho, hecho está. Y yo me alzaré, como el dios que nunca he sido. Guiándolos hasta sus propias tumbas, mientras juntos nos jactamos de haber sido los más astutos, siendo que fuimos los más idiotas. Porque el cielo se tiñe de rojo y no es el sol que atardece, mas sí el hombre que enloquece, se olvida de su condición y busca ser más, mucho más de lo que desde tiempos inmemoriales le ha sido permitido. Y es que no tendríamos que haber sido nosotros, no nos compete. Y sin embargo, fuimos. Hoy hay vítores, pero pronto tendremos grito y llanto del más puro espanto. Lo peor de todo es que creemos ser dueños del destino que hoy palpamos con las yemas de los dedos, cuando la verdad es que esta fue la última elección, ya no nos toca escoger, ya no más. Porque esta vez el levantamiento no fue del hombre contra el hombre, y por lo mismo, hemos de pagar. Dios ha muerto, y en esta ocasión no es Nietzsche quien lo dice, soy yo, y lo digo con la autoridad de quien lo ajustició con su propia espada. Sí, hoy somos amos del cielo, pero sólo mientras allí reine el caos, porque una vez venida la calma, será nuestro turno. Hoy el cielo se tiñe de rojo y es el mismísimo Zeus que divino sangra. Y es que hemos matado a quién gobierna el Olimpo, pero nos hemos olvidado, olvidado que en ese mismo lugar nunca ha vivido solo, que tal como aquí ocurre, para que uno gobierne, tienen que haber otros en ser gobernados.

domingo, octubre 19, 2008

Opúsculos 4 y 5

opusculos 4-5

Opúsculos 1 y 2

opusculos1-2

miércoles, octubre 08, 2008

Capítulo 5to: "LATIDOS"

“I found out
In the middle of a heart beat
And the more I try to be your light
I can’t get any closer to your heart”.
A.Deris.



La televisión prendida, sabemos que son las 3:00 porque la voz en off del Warner así lo anuncia. El pote que solía tener las cabritas hace un par de horas ahora las ha desparramado por todo el suelo alrededor de sus pies. Ellos en el sillón, ella duerme apoyada la cabeza en el pecho de el. Él con sus brazos sobre la espalda de ella, no duerme, no puede. Su mente a veces lo lleva a otros lugares distantes sin necesidad de cerrar los ojos, su mirada no nos dice si se encuentra profundamente comprometido con una de sus tantas odiseas mentales o si cuenta ovejas para así conciliar el sueño.
¿Debería saber que piensa? Por supuesto. ¿Debería contarlo? No lo creo. Lo importante es saber que por muy lejos que se encuentre y ni aunque cuente mil ovejas logrará deshacerse de esa sensación tan poco confortable. ¿Por qué desvía esos sentimientos apuntándolos a ella?, ¿o será que de verdad su manera de verla ha cambiado? Fue Él mismo quien le pidió que lo acompañara en este viaje, necesitaba de su apoyo, y ella no ha hecho más que cumplir con lo que ambos sienten es su deber. ¿Por qué le incomoda?
“No, no es amor, el amor es otra cosa” – respondía la televisión a la pregunta que se había formulado en su mente.
“¿Y si no es amor, entonces ¡Que!?”exclamó el joven sin poder evitar sentir ese ardor en su pecho.
Valentina despertó, pero no gracias al grito sino debido al calor proveniente del pecho del joven.
“¿Estás bien?” – preguntó valentina, aún adormecida
“Si”, respondió Mauro, automáticamente.
“No, claro que no lo estás, como lo vas a estar si ardes de nuevo en fiebre”, Objetó valentina ahora más despierta, sintiendo el calor de su pecho y luego, tras chequear con el tacto de sus dedos, el de la frente del joven. “espera que te traigo algo para la fiebre”.
“No, no es necesario”
“¿Cómo que no es necesario? Mírate!”
“You don’t get it, do ya? – dijo Mauro con el fin de frenar a su compañera.
“No, no lo entiendo, pero es lo único que está a mi alcance para ayudarte” – respondió valentina asumiendo.
“Lo se, y se que lo haces para ayudarme, but i don’t like you to be wasting your time on me, cum’ on, i’ll explain it to you.” – dijo mauro al fin, dispuesto a contarle de su malestar
“esto que me pasa no es nuevo, me viene sucediendo desde hace ya algunos años. Cada vez que pienso en algo que me afecta emocionalmente, en lugar de ponerme triste, llorar, colapsar, que se yo, mi cuerpo reacciona de esta manera, poniéndome en estado de fiebre, no se por qué, ni cómo, solo pasa, y no lo puedo evitar.”
“ya veo, ¿pero que es eso que te aqueja tanto y que te pone tan mal?”- lanzo valentina la inevitable pregunta.
“Eso, es lo que no puedo decir, créeme, si fuera tan fácil como llegar y decirlo, no estaría sufriendo lo que sufro ahora”. Dijo Mauro, y al terminar éstas palabras cayó al piso desde el sillón, desplomándose sin energías.
“¡Mauro!” exclamó valentina y se apresuró a levantarlo.
Apoyado sobre el cuerpo de valentina, mauro se sostenía sobre sus pies respirando a duras penas. No podía abrir sus ojos y su cabeza le pesaba más que cuando tenía la maldita costumbre de beber a solas los viernes por la noche. Valentina lo sostenía, pegado a su cuerpo, sin dejarlo caer. De pronto sintió a Mauro dejar de respirar.
“¡NO!” Exclamó la joven, dejándose caer sobre el suelo y llevando con ella al joven que sostenía aún abrazado.
“¡Vamos, que te pasa, despierta!”, gritaba ya desesperada.
Valentina lo dejó caer del todo mientras comenzaban a brotar lágrimas de sus ojos a causa de la desesperación y el temor. A la tercera lágrima que cayó sobre el pecho de Mauro, valentina sintió un impulso que la llevo a poner su mano en el corazón de Mauro.
“Aún late” pensó para si, desconcertada.
“Te diste cuenta…”, murmuró al fin Mauro.
Valentina reaccionó ante sus palabras y lo levantó y abrazó fuertemente.
“¿Por qué me asustas así?” lloraba aún Valentina, pero esta vez con lágrimas de alivio.
“No fue mi intención” – murmuró mauro una vez más, casi sin fuerzas para hablar.
“si, si, ya se que no lo controlas, pero que raro que es… bueno, déjame al menos traerte algo para beber, ya que te niegas a los remedios.” Dijo la chica entre sollozos.
“ok”
Valentina se dirigió rápidamente a la cocina y volvió mas pronto de lo que ella misma se imaginaba que podría volver.
“dime que no es por mi, necesito que me digas que no soy yo quien te provoca todo esto, ¡DIME!”, dijo valentina asustada del solo pensar, derramando el contenido del vaso que llevaba entre las manos
“Eso, honey, es lo que no puedo decir. Solo se que por ésta noche, así cómo yo he sentido tus latidos, al fin tu has sentido los míos”.

SINÉCDOQUE

Y entonces lo entendió, cuando le latió tan fuerte el corazón que no tan sólo sintió que si el latir se intensificaba un poco más, le estallaría el pecho, sino también se le pasó por la mente que para latir tan fuerte ha de ser necesario que el órgano tenga vida propia, que sea un ser en sí mismo y no simplemente parte de un organismo, y que no estaríamos equivocados entonces al referirnos con “corazón” a los sentimientos y emociones de una persona porque probablemente, concluía ahora, estos pertenecían no a la persona pero si al órgano. Sintió su pecho arder cada vez más fuerte y fue así como de un segundo a otro fue capaz de desprender el cuerpo entero del miocardio, expulsándolo por el sector derecho de su caja torácica, ¿derecho?, Si, derecho, y ya no había lugar a dudas, quedaba demostrado, ese órgano que sentimos tan nuestro tenía voluntad propia y era él quien decidía salir del cuerpo que le había servido de hogar por tantos años, al punto de romper con su posición original y elegir por donde salir, violando toda ley natural.

Por supuesto que desprenderse del corazón, o que este se desprenda de ti trae enormes consecuencias. La primera de ellas es que él mismo, burlándose de todos aquellos que, tratando de convencer a alguien de sus no tan verdaderos sentimientos, enuncian un cínico pero con aires de sinceridad “lo digo desde el corazón”, comience realmente a hablar, acabando por ridiculizar al máximo la expresión. Segundo, surge el siguiente inconveniente. El hecho de que el corazón tenga voluntad o vida propia no quiere decir que no te sea vital, por lo que probablemente mientras él dirige sus palabras a tu persona, cual perro ladra a su amo hablando de un mundo que nunca verá con los mismos ojos, tú comiences un estado de agonía causado porque incluso sin tener que necesariamente perder litros de plasma, glóbulos, plaquetas y/u otros, estos dejarán de circular por tus venas, arterias, vénulas y arteriolas fallando en su misión de nutrir el resto de tus órganos. Órganos que en vista de que no han tratado de huir todavía pensamos que, o no tienen la voluntad de acción que si tiene el corazón, o la falta de nutrimentos ya es tal que aunque quisieran no tendrían cómo.

De cualquier modo, debemos mencionar que nuestro protagonista (a todo esto es el chico, no el corazón), es un ser bastante inteligente, al menos emocionalmente, por lo que en el poco pero suficiente tiempo que cree llevar sin su corazón, ha logrado darse cuenta que, en efecto, la mayoría de las emociones son del corazón, pero los sentimientos, esas emociones voluntarias y duraderas, en donde el estimulo ya no precisa ser presencial, nos pertenecen. En la medida que lo sepamos, en este caso, que lo sepa nuestro protagonista, podremos mantenernos vivos, que para el hombre que es racional en apariencia, la vida no es más que un flujo continuo de sentimientos que son justamente los que lo hacen sentir vivo.

Mentiras, puras mentiras, cómo te atreves. Sí, me atrevo. Calla, qué me vienes a decir a mí, mal agradecido, deberías estar dando gracias de que las pocas cosas que has llegado a sentir en tu vida han sido gratas. Te equivocas, he sentido mucho más, y si según tú han sido pocas, ¿No debería culparte por eso? ¿Qué, ahora vienes a culparme, después de todos estos años?, yo cumplía con mi deber, ¿Por qué has de suponer que este consista en servirte? déjame decirte una cosa, los corazones estamos para hacer que idiotas como tú sientan menos y piensen más, ante la evidente crisis por la que estamos pasando; los sentimientos escasean y algunos tienen que pagar el precio. Es una lástima que tú, Rufo, seas uno de ellos. Rufino. Y la boca te queda donde mismo.

Y así podemos decir sin miedo a exagerar que Rufino Torrealba debatía con su propio corazón, y sería lo primero y último que conversaran, puesto que la tarde concluyó con un calmo pero serio “Ahora, vete de mi casa, de mi vida entera y no vuelvas más”.

Ahora disponía de no más de dos horas para conseguir su cometido. Salió de su casa y se subió al auto, condujo quizás una hora hasta llegar a su destino, una casa de piedra con un aire gótico en las afueras de la ciudad. Dejó el auto estacionado en frente y se dirigió hacia la puerta. Golpeó tres veces y nada. Repitió la acción, otros tres golpes, no se oía nadie. Dio la vuelta a la casa y descubrió la entrada trasera, con acceso a la cocina, estaba abierta. Entró, pasó por la cocina sin percatarse que cuchillos bien afilados eran lo único que había a la vista, llegando así a una sala de estar, iluminada por candelabros. Una chimenea junto a un largo sofá chaise-longue rojo, era el único elemento para combatir el frio de la noche que caía poco a poco. No la pudo ver de inmediato. El sofá le daba la espalda. A medida que se iba acercando a la fuente de calor, veía como poco a poco del otro lado del sofá se dibujaba un cuerpo de mujer, desnuda y cuya tez nívea parecía ir tomando lentamente el color del fuego que la iluminaba. Se detuvo a un costado, recorriéndola con la mirada.

Sí estabas. Claro, siempre estoy. No juegues, ya me deshice de él, tenías razón, de verdad nos ven como seres inferiores. Ves, te dije - Y tendrían razón si fuésemos como el resto -. Pero no lo somos. ¿Co-Co-Cómo has oído eso? ¿De cuándo que oyes mis pensamientos? Desde que mi no-corazón se sincronizó con el tuyo y laten juntos en un batir de vacío. Esto…sobre eso, Rufo, sabes bien que se nos agota el tiempo, y si no es ahora, bueno, ya sabes que sucederá. Si, entiendo, hagámoslo. ¡Ay!, te ves tan determinado, por fin serás recompensado; hay pocos como tú en este mundo, no le debes nada a la vida, mas la deuda que ella tiene contigo es enorme, y tú sigues viviendo así, hermosamente alegre y conforme. No creas que es tan así. Bueno, nadie es perfecto, ni tú, ni yo, ni el dios al que tanto glorifican, pero lo que sí, juntos somos insuperables. Entiende que somos enormemente buenos, y este mundo no es merecedor de tal bondad.

Rufo se mantuvo en silencio, ella se levantó del sofá con un movimiento felino, sin llegar a ser fiero. Se acercó a rufo, no sin antes coger un objeto de entre los cojines del sofá, un tubo con forma de “T” en uno de los extremos. Una sustancia fulgurante en su interior reflejaba la luz del fuego cegándoles los ojos. La joven parada ahora en frente, su cabellera larga y bruna caía sobre su cuerpo más allá de sus pechos. Mismos pechos que ahora se apretaban con el de él, colocando en medio la “T” ardiente. Él la abrazó fuertemente, y fue entonces que sintió el pinchazo, uno de los dos extremos de la punta en T se había clavado profundo en su pecho, sintió el dolor y se aferró aún más a su amada. Con ella sucedía lo mismo, salvo que para ella no hubo dolor, de tan extasiada que se encontraba. Se besaron, mientras lágrimas caían de los ojos de ambos. Las de ella lágrimas de alegría, las de él, de dolor. Sintieron caer la sangre desde el pecho, camino abajo por sus cuerpos y se alegraron al compartir el pensamiento de que sangrasen cuanto sangrasen, no lo harían del corazón que habían desalojado para siempre. La chica tomo fuerzas quien sabe de dónde y con un esfuerzo sobrehumano golpeó con toda su fuerza el único extremo libre del objeto, pero hizo falta que Rufino hiciera lo mismo con igual fuerza, uniendo su mano con la de ella para así presionar el líquido en dentro, obligándolo a salir hacia el interior de ambos. Ahí Rufo entendió por completo que habían sellado su destino al presionar el émbolo de esa jeringa de doble punta, y pudo ver al fin qué era esa sustancia resplandeciente que ahora quemaba su pecho. El líquido cuajó al interior de sus pechos, provocándoles un dolor tal que compararlo con el sufrimiento eterno de Titio en el Tártaro, sería poco. Librándose de toda duda, a sólo minutos de agotarse las dos horas, se miraron, declarándose amor eterno al imaginarse reflejados en las pupilas del otro. Adivinándose mutuamente, pronunciaron juntos esas palabras que habían aprendido de aquella canción que oyeron juntos hace ya bastante, cuando sus cuerpos y almas pasaron la noche dándose compañía por primera vez: “Sólo puedes escapar si tienes un corazón de oro”.

martes, julio 08, 2008

Capítulo 4to: "DEPARTAMENTO"

Valentina despertó con el sonido de los autos que pasaban quince pisos más abajo por la “Rolling St.” No sabía en que lugar se encontraba, era una habitación mediana con un pequeño ventanal que llevaba a un pequeño balcón. Sentía pasos, pero no veía a nadie, tenía la vista nublada, todavía no conseguía abrir sus ojos por completo, solo sabía que estaba en una habitación desconocida y acostada en una cama, tapada con unas frazadas azul marino cuyo roce le irritaba su suave piel. Otro detalle, llevaba puesto piyama, sin embargo, no sabía como ni en que situación se lo puso.
Recordó haber estado en el asiento trasero de un taxi, sabía que era un taxi gracias a los típicos comentarios del “taxi driver”. No recordaba rostros ni voces, solo ideas en su cabeza de las cosas que conversaba su acompañante con el conductor. Recordó haber mirado un largo tramo por la ventana el paisaje, paisaje que tampoco recordaba.
Cuando por fin abrió sus ojos por completo vio que la puerta de la habitación se acababa de abrir y que por ella ingresaba su compañero de viaje.
-“Ya despertaste” dijo mauro sonriente, con una sonrisa leve, por supuesto (ya sabemos que nuestro protagonista es incapaz de sonreír por completo, por mucho que sea el agrado.)
-“Si”, respondió ella simplemente.
-“Con ese ánimo…”reprochó Mauro, esperando que Valentina dijera algo más.
-“Sorry, no he despertado del todo, as you may see”, Se excusó ella.
-“Vamos, levántate y ve a ducharte que pronto desayunaremos” sugirió él.
“-Pero…”comenzó Valentina para pedir una explicación antes de que mauro la interrumpiera.
-“Sin peros, el baño está por el pasillo, al fondo, a la derecha.”
Al ver que su compañero se retiró de la habitación sin decir nada más, Valentina decidió levantarse y se dirigió al baño. Una vez allí, vio la tina con “cortinas de vidrio”, fue hacia ella y dio el agua. Esperó a que se entibiase para desvestirse y depositar su pijama en el ducto para ropa sucia, luego se metió en la tina, puso el tapón y esperó a que esta se llenara de agua, para luego sumergirse tranquilamente por largos ratos.
Sintió una suave y fría briza que le incomodaba y decidió cerrar de inmediato el vidrio el cual se encontraba muy empañado, sin darse cuenta de que la briza se debía a que había dejado la puerta algo abierta y la ventana que tenía a su lado no estaba totalmente cerrada, por lo que se formaba una briza, suave y fría como ya se ha descrito.
Minutos más tarde, Valentina salía del baño envuelta en una toalla verde limón, ya que no le fue posible vestirse en el baño porque olvidó sacar su ropa del bolso. Entró en la habitación en donde hace no más de una hora se encontraba durmiendo profundamente para sacar la ropa del bolso, que estaba a un costado de la cama en la cual había dormido y que ahora sobre ella se hallaba recostado el joven Mauro, quien en vez de estar preparando el desayuno, o al menos hacer el intento, leía una historieta japonesa (traducida al inglés) acerca de un joven estudiante y su pareja, quien ha sido modificada por el servicio secreto de defensa del Japón para transformarse, solo cuando sea necesario, en el ángel de batalla que los llevará a la victoria de la Tercera Guerra Mundial. De todas maneras, Él ya no leía desde que su compañera entró en la habitación (no es que no continuara leyendo, sino que no prestaba atención a las palabras que leía).
Mauro nunca pretendió verla con esos ojos, pero era inevitable. El tiempo había pasado, años sin verse, ambos habían cambiado, para bien o mal de uno o los dos, eso estaba por verse. Mauro sabía bien su lugar y muy bien sabía también quien había sido para él, la joven niña, ahora más mujer que niña pero aún así niña, en un pasado ni muy lejano, ni muy cercano. Mauro sabía todo eso, pero no podía negar sus sentimientos, mucho menos si eran sentimientos tan fuertes como los que sintió al verla, una vez en el aeropuerto, o como los que sintió al soñar, ardiendo en fiebre, en el avión.
-“¿has visto por casualidad mi desodorante?”, le preguntó Valentina tras un rato de llevar buscándolo.””¿Mauro?”, llamó valentina para que le respondiera algo, al ver que no movía siquiera los ojos.
-“disculpa, estaba en otro mundo, ¿Qué decías?” se excusó mauro sin querer dar explicaciones, ni a ella ni a el mismo.
-“Que si acaso has visto mi desodorante”, repitió valentina, con tono parejo.
-“Creo que lo guardaste en tu bolso de mano cuando caminábamos por el “brazo” antes de entrar en el avión.”
-“Gracias”, respondió Valentina con tono casual.
-“Anda, apúrate en vestirte, que ya me dio hambre” le dijo Mauro levantándose de la cama y tirando sobre ella el manga que estaba leyendo, salió de la pieza cerrando la puerta fuerte e impulsivamente.

Mientras Mauro en la cocina preparaba el “desayuno”, Valentina en su cuarto aún no lograba comprender por que todavía Mauro no le había dirigido ninguna palabra acerca de donde estaban. Valentina todavía se preguntaba como era que ellos estaban solos en ese departamento agradablemente decorado y equipado por completo.
Valentina todavía debía vestirse antes de poder dirigirse a la cocina, así que sacó un jeans de su bolso, una polera de un verde limón casi igual al de la toalla que llevaba puesta y se vistió. Mientras se dirigía a la cocina se preguntaba entusiastamente con cual de todas sus preguntas iba a abrir la conversación del desayuno, no así Mauro, quien no quería decirle nada a su compañera, más bien se preguntaba a si mismo por que había comenzado de repente a actuar tan fríamente con ella, consiente de su actuar y sin poder evitarlo.

FIN DEL CAPÍTULO CUARTO
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Nota:
*Una vez más, todos estos nombres y lugares descritos están sujetos a mi inexperiencia en cuanto a estadía en NYC se refiere (nunca he estado ahí) por lo que estas calles no existen, y de existir no son a las que me refiero.
*"cortinas de vidrio" = esas tinas que en lugar de cortinas tienen vidrios que se abren al igual que una ventana/ventanal

domingo, mayo 11, 2008

Capítulo 3ro: "TURBULENCIA"

Valentina dormía plácidamente a su lado. Él, por el contrario, no había pegado una pestaña en todo el vuelo. Algo le preocupaba, es todo lo que puedo decir dada su actitud. Vio dos películas de aproximadamente dos horas y media cada una, y de vez en cuanto se levantaba de su asiento e iba al baño, en la parte trasera del avión.

Cuando pasaba la azafata ofreciendo algún refresco, él, levemente fingía una sonrisa esperando a que la azafata se retirase, luego hacía sonar sus manos, sus huesos, crujiendo, y después jugaba con sus dientes, percutiendo ritmos que solo el podía saber cuales y por qué.

Algo le molestaba, y no era el miedo a volar, ni la experiencia en si, ya lo había hecho un par de veces antes y sin incomodarse en absoluto. Ahora mordía un lápiz que había sacado de su pantalón, el nervio era evidente.
Continuaba pensativo en su asiento, miró a Valentina, quien dormía aún. Al ver su rostro tan sereno, Mauro cambió el suyo a una expresión parecida, de placidez.
Por fin descansaba, dormía y dormía. Valentina ya había despertado y era ella quien ahora lo miraba a él. Tras largo rato observando su tranquilo sueño, Valentina se le acerca y le besa la mejilla. En ese instante, ella experimentó una extraña sensación, un calor inexplicable. No, no era solo el beso. Valentina colocó su mano sobre su frente, pero nada, temperatura normal. Luego, instintivamente la puso en la frente del joven, y gran sorpresa se llevo al ver que ardía en fiebre, un calor exorbitante.

Mauro ahora se retorcía en su asiento como si ninguna posición le fuera cómoda y un intenso dolor le golpeara estomago y extremidades a la vez. Era el tormento, aquello que le preocupaba, seguramente había entrado en la dimensión de los sueños, su fortaleza, que dejaba de serlo para tornarse en pesadilla. Valentina le miraba preocupada, atónita, estupefacta.
El piloto ahora anunciaba el pronto aterrizaje justo cuando Mauro despertó, haciendo un movimiento brusquísimo con todo su cuerpo, volvió a la realidad con la respiración más que agitada.
Intercambiaron miradas, la de valentina continuaba mostrando una especie de desconcierto, mientras que la del joven era desesperada y desesperante. Habían llegado.