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miércoles, octubre 08, 2008

SINÉCDOQUE

Y entonces lo entendió, cuando le latió tan fuerte el corazón que no tan sólo sintió que si el latir se intensificaba un poco más, le estallaría el pecho, sino también se le pasó por la mente que para latir tan fuerte ha de ser necesario que el órgano tenga vida propia, que sea un ser en sí mismo y no simplemente parte de un organismo, y que no estaríamos equivocados entonces al referirnos con “corazón” a los sentimientos y emociones de una persona porque probablemente, concluía ahora, estos pertenecían no a la persona pero si al órgano. Sintió su pecho arder cada vez más fuerte y fue así como de un segundo a otro fue capaz de desprender el cuerpo entero del miocardio, expulsándolo por el sector derecho de su caja torácica, ¿derecho?, Si, derecho, y ya no había lugar a dudas, quedaba demostrado, ese órgano que sentimos tan nuestro tenía voluntad propia y era él quien decidía salir del cuerpo que le había servido de hogar por tantos años, al punto de romper con su posición original y elegir por donde salir, violando toda ley natural.

Por supuesto que desprenderse del corazón, o que este se desprenda de ti trae enormes consecuencias. La primera de ellas es que él mismo, burlándose de todos aquellos que, tratando de convencer a alguien de sus no tan verdaderos sentimientos, enuncian un cínico pero con aires de sinceridad “lo digo desde el corazón”, comience realmente a hablar, acabando por ridiculizar al máximo la expresión. Segundo, surge el siguiente inconveniente. El hecho de que el corazón tenga voluntad o vida propia no quiere decir que no te sea vital, por lo que probablemente mientras él dirige sus palabras a tu persona, cual perro ladra a su amo hablando de un mundo que nunca verá con los mismos ojos, tú comiences un estado de agonía causado porque incluso sin tener que necesariamente perder litros de plasma, glóbulos, plaquetas y/u otros, estos dejarán de circular por tus venas, arterias, vénulas y arteriolas fallando en su misión de nutrir el resto de tus órganos. Órganos que en vista de que no han tratado de huir todavía pensamos que, o no tienen la voluntad de acción que si tiene el corazón, o la falta de nutrimentos ya es tal que aunque quisieran no tendrían cómo.

De cualquier modo, debemos mencionar que nuestro protagonista (a todo esto es el chico, no el corazón), es un ser bastante inteligente, al menos emocionalmente, por lo que en el poco pero suficiente tiempo que cree llevar sin su corazón, ha logrado darse cuenta que, en efecto, la mayoría de las emociones son del corazón, pero los sentimientos, esas emociones voluntarias y duraderas, en donde el estimulo ya no precisa ser presencial, nos pertenecen. En la medida que lo sepamos, en este caso, que lo sepa nuestro protagonista, podremos mantenernos vivos, que para el hombre que es racional en apariencia, la vida no es más que un flujo continuo de sentimientos que son justamente los que lo hacen sentir vivo.

Mentiras, puras mentiras, cómo te atreves. Sí, me atrevo. Calla, qué me vienes a decir a mí, mal agradecido, deberías estar dando gracias de que las pocas cosas que has llegado a sentir en tu vida han sido gratas. Te equivocas, he sentido mucho más, y si según tú han sido pocas, ¿No debería culparte por eso? ¿Qué, ahora vienes a culparme, después de todos estos años?, yo cumplía con mi deber, ¿Por qué has de suponer que este consista en servirte? déjame decirte una cosa, los corazones estamos para hacer que idiotas como tú sientan menos y piensen más, ante la evidente crisis por la que estamos pasando; los sentimientos escasean y algunos tienen que pagar el precio. Es una lástima que tú, Rufo, seas uno de ellos. Rufino. Y la boca te queda donde mismo.

Y así podemos decir sin miedo a exagerar que Rufino Torrealba debatía con su propio corazón, y sería lo primero y último que conversaran, puesto que la tarde concluyó con un calmo pero serio “Ahora, vete de mi casa, de mi vida entera y no vuelvas más”.

Ahora disponía de no más de dos horas para conseguir su cometido. Salió de su casa y se subió al auto, condujo quizás una hora hasta llegar a su destino, una casa de piedra con un aire gótico en las afueras de la ciudad. Dejó el auto estacionado en frente y se dirigió hacia la puerta. Golpeó tres veces y nada. Repitió la acción, otros tres golpes, no se oía nadie. Dio la vuelta a la casa y descubrió la entrada trasera, con acceso a la cocina, estaba abierta. Entró, pasó por la cocina sin percatarse que cuchillos bien afilados eran lo único que había a la vista, llegando así a una sala de estar, iluminada por candelabros. Una chimenea junto a un largo sofá chaise-longue rojo, era el único elemento para combatir el frio de la noche que caía poco a poco. No la pudo ver de inmediato. El sofá le daba la espalda. A medida que se iba acercando a la fuente de calor, veía como poco a poco del otro lado del sofá se dibujaba un cuerpo de mujer, desnuda y cuya tez nívea parecía ir tomando lentamente el color del fuego que la iluminaba. Se detuvo a un costado, recorriéndola con la mirada.

Sí estabas. Claro, siempre estoy. No juegues, ya me deshice de él, tenías razón, de verdad nos ven como seres inferiores. Ves, te dije - Y tendrían razón si fuésemos como el resto -. Pero no lo somos. ¿Co-Co-Cómo has oído eso? ¿De cuándo que oyes mis pensamientos? Desde que mi no-corazón se sincronizó con el tuyo y laten juntos en un batir de vacío. Esto…sobre eso, Rufo, sabes bien que se nos agota el tiempo, y si no es ahora, bueno, ya sabes que sucederá. Si, entiendo, hagámoslo. ¡Ay!, te ves tan determinado, por fin serás recompensado; hay pocos como tú en este mundo, no le debes nada a la vida, mas la deuda que ella tiene contigo es enorme, y tú sigues viviendo así, hermosamente alegre y conforme. No creas que es tan así. Bueno, nadie es perfecto, ni tú, ni yo, ni el dios al que tanto glorifican, pero lo que sí, juntos somos insuperables. Entiende que somos enormemente buenos, y este mundo no es merecedor de tal bondad.

Rufo se mantuvo en silencio, ella se levantó del sofá con un movimiento felino, sin llegar a ser fiero. Se acercó a rufo, no sin antes coger un objeto de entre los cojines del sofá, un tubo con forma de “T” en uno de los extremos. Una sustancia fulgurante en su interior reflejaba la luz del fuego cegándoles los ojos. La joven parada ahora en frente, su cabellera larga y bruna caía sobre su cuerpo más allá de sus pechos. Mismos pechos que ahora se apretaban con el de él, colocando en medio la “T” ardiente. Él la abrazó fuertemente, y fue entonces que sintió el pinchazo, uno de los dos extremos de la punta en T se había clavado profundo en su pecho, sintió el dolor y se aferró aún más a su amada. Con ella sucedía lo mismo, salvo que para ella no hubo dolor, de tan extasiada que se encontraba. Se besaron, mientras lágrimas caían de los ojos de ambos. Las de ella lágrimas de alegría, las de él, de dolor. Sintieron caer la sangre desde el pecho, camino abajo por sus cuerpos y se alegraron al compartir el pensamiento de que sangrasen cuanto sangrasen, no lo harían del corazón que habían desalojado para siempre. La chica tomo fuerzas quien sabe de dónde y con un esfuerzo sobrehumano golpeó con toda su fuerza el único extremo libre del objeto, pero hizo falta que Rufino hiciera lo mismo con igual fuerza, uniendo su mano con la de ella para así presionar el líquido en dentro, obligándolo a salir hacia el interior de ambos. Ahí Rufo entendió por completo que habían sellado su destino al presionar el émbolo de esa jeringa de doble punta, y pudo ver al fin qué era esa sustancia resplandeciente que ahora quemaba su pecho. El líquido cuajó al interior de sus pechos, provocándoles un dolor tal que compararlo con el sufrimiento eterno de Titio en el Tártaro, sería poco. Librándose de toda duda, a sólo minutos de agotarse las dos horas, se miraron, declarándose amor eterno al imaginarse reflejados en las pupilas del otro. Adivinándose mutuamente, pronunciaron juntos esas palabras que habían aprendido de aquella canción que oyeron juntos hace ya bastante, cuando sus cuerpos y almas pasaron la noche dándose compañía por primera vez: “Sólo puedes escapar si tienes un corazón de oro”.

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