La sangre que va al corazón
Es témpera roja que endurece el tiempo.
Manuel García
Luego de esa noche, quedó claro que algo sucedía, y ella no podía dejar de sentir culpa.
¿De qué?, creo que ni ella lo sabía bien, pero se suponía que ella haría de compañía, de buena compañía, y lo último que supo es que fue ella, y no otra cosa, lo que motivó el ataque de aquella noche.
“No puede ser, no puede ser, digo, qué voy a hacer, él no puede, no debería, si se ena…, no puedo ni decirlo, si se enamora de mi, que hago, no puedo correr, no quiero correr, es ridículo, venir hasta aquí para que ocurra esto, no tiene sentido. Nunca tuvo sentido, desde el inicio, pero algo me impulsó a hacerlo, y no puedo echar pie atrás.” “I’ll be there for you”,
-sonaba el inicio de F.R.I.E.N.D.S. por la TV-“ Es lo que trato de hacer, estar ahí, sólo estar.”
Para ninguno de los dos era un buen día, no podía serlo después de lo ocurrido, no obstante supieron ceñirse al protocolo y mintieron al saludar, “Buenos días”. Se encontraban en la cocina, como todas las mañanas, recién despiertos pero habiendo tenido un rato de intimidad cada uno en su cuarto. No tenían horas fijas para la rutina diaria, y se esperaban siempre para tomar juntos el desayuno. Era entonces, en la cocina, que comenzaba la vida compartida.
-Sobre lo de anoche… – comenzó Valentina.
-Despreocupa, no es nada. – respondió Él.
-Ya veo…
-No es que no sea nada, no te mentiré, estuviste ahí.
-Aha, por eso preguntaba, fue…preocupante, por decir lo menos.
-Lo recuerdo Vale, lo recuerdo perfectamente.-dijo Mauro y bebió un sorbo del café que ya había servido a ambos.- El tono en su voz perecía distante.
-Sabes…-Ella habló sincerándose- anoche me dormí pensando en eso. – Al mencionar eso, Valentina pudo sentir cómo se transportaba horas atrás, lo vio tan claro, y desde esa perspectiva resultaba evidente, la misma atmósfera lo delataba, era una noche roja.
-Sí, yo también, estoy acostumbrado a que mi cuerpo me pase la cuenta de vez en cuando, pero nunca con tanta fuerza como ésta vez.
-Es duro, pero tengo que preguntar. Fue por mi. – no era una pregunta, su voz era de convencimiento y culpa-.
-Sí, pero no quiero que le des más vueltas, no tienes que culparte, ni preocuparte. – bebió otro sorbo. La taza de ella seguía intacta.
-No puedo, no puedo no sentirme culpable. Si estás pensando lo mismo que yo, entonces si tengo culpa.
-No digas tonterías, yo te invité, te pedí acompañarme, y es lo que haz hecho, so far.
-Si se, yo también creo haber cumplido con mi parte, pero te he herido de todos modos.
-Lo que pase conmigo es responsabilidad mía y punto. Además, es inevitable.
-Si soy yo la causa, si es evitable.
-Ni lo menciones, si para aliviar el dolor tengo que dejarte partir, prefiero sufrir un poquito más. – tras decir eso sonrió-.
-No seas idiota – respondió ella con otra sonrisa-.
-Bueno, suficiente por hoy, ahora tómate el café que se te va a enfriar.
-Ya estás vestido ¿Sales de nuevo? –preguntó Valentina, aún en ropa de dormir, bebiendo rápido el café ya tibio.
-Sí, voy de compras.
-De compras, ¿Tú? – dijo Valentina, incrédula-
-Sí, yo. No te pediré que te quedes, lo que sí, no puedo dejar que me acompañes.
-Está bien, de todos modos, creo que me quedaré, si no aquí, muy cerca.
-Perfecto, ¿Hasta la tarde?.
-Hasta la tarde.-despidió ella a su acompañante, le besó en la mejilla y se dirigió, algo menos inquieta, hacia el baño. Mauro esperó a que sonara el ruido del agua cayendo en la ducha para levantarse de la mesa y dejar el departamento.
Siempre supo cómo relajarse con el agua. Era como si el líquido que recorría su cuerpo se llevase consigo todas sus preocupaciones, no las olvidaba, por el contrario, para que el agua las llevara había de recordarlas, así, en un momento de reflexión y calma, lograba liberarse de toda tensión. Y tuvo que, pese a las indicaciones de Mauro, darle un par de vueltas más a lo sucedido, para así despedirse de ese momento tan extraño como inquietante. Sin necesidad de un baño de espuma, Valentina se relajaba de tal forma que podía decir que no, no había mentido al saludar, iba a ser un buen día.
Llegué – saludó el joven al entrar- Nunca me había percatado lo silencioso que es este lugar. Mi lugar.- Y si, si había algo que lo reconfortaba en todo este asunto del viaje, era que por fin vivía en su departamento, disponía de él para hacer y deshacer a su antojo, era su hogar.- Así pues, al regresar y luego de advertir el silencio, entró junto a una enorme pizarra transparente y un lote de plumones de pizarra, todos de colores fluorescentes. Colocó la pizarra a un costado del sofá y luego se tendió en el. Sintió pasos en el pasillo que llevaba a las habitaciones y preguntó al sentirlos cada vez más cerca: ¿Vale? ¿eres tu?. Si, ¿Quién más podría ser?. No, yo solo preguntaba, no sabía si estabas aquí, estaba todo tan silencioso. Ah, si, lo que pasa es que me di un baño, y bueno…me quedé dormida. Desperté con ese ruido, ¿Qué era? – Preguntó Valentina, pero se respondió sola al mirar a su compañero en el sofá, y junto a el, la enorme pizarra.- Una pizarra…¿Cuál es la idea?, cuando dijiste compras, no creí que fueras a comprar, mucho menos una pizarra. Bueno, al desayuno me dijiste que habías estado pensando la noche anterior…yo por mi parte también lo hice, no con mejores resultados que tu. Compré esta pizarra para que liberemos esos pensamientos que nos molestan, o que nos quedan dando vuelta quizás más de la cuenta. Pero que también, al hacer el ejercicio, estemos compartiendo el uno con el otro, así será más fácil saber que cosas nos afectan y poder ayudarnos. Si, buena idea, hará de esto un poco más simple. Pero antes de que podamos escribir, necesitamos plumones, así que que te parece si tu elijes uno para mi, y yo elegiré el color que crea que va más contigo. Ok, no te ofendas si, creo que tengo mi elección. Ah, yo también, y te pido lo mismo, puede que lo encuentres aburrido o no se, simplemente, neutro, como sea, Vale, creo que tu color será el blanco. Pero el blanco no es… Si se que el blanco no es color, whatevs, es el plumón que va contigo, a mi parecer. Bueno, tengo que decir que no me desagrada – sonrió- y, para ti, tengo un plumón…FUCSIA.
Fu…¿fucsia?.Si fucsia, no te lo tomes a mal, no tiene mayor simbolismo, simplemente es un color agradable, y ciertamente hace juego con el blanco. Bueno, si, tienes razón, de estilos y colores, mejor no opino, me gustó tu elección. Me alegro. Bueno, creo que eso es… if you’re in the mood for some writting then go ahead. Gracias-dijo vale por ultima vez en el día, y antes de instalarse a ver las series del prime time, se acercó a la pizarra y escribió en blanco: “No quiero partir, no me dejes partir”.
FIN DEL CAPÍTULO SEXTO


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